Martes, 21 de septiembre, 2010

¿Me caso en mi ciudad? ¿Me caso fuera?

Iglesia de Los Jeronimos, Madrid

Después de dar la gran noticia a nuestras familias y amigos más cercanos, tenemos que decidir dónde casarnos. ¡No os podéis imaginar cómo se puso mi madre cuando se lo conté, se le saltaron las lágrimas! Y sobre todo después de ver el anillo “provisional” que me ha regalado Jaime…

Bueno, pues ahora a decidirme… cómo si fuera cosa fácil! Puedo tardar toda una noche en decidir qué me pongo al día siguiente, así que imaginaos lo que puede suponer decidir dónde casarme. Pero bueno, empecemos por algún sitio. Uno de mis sueños ha sido siempre casarme en Madrid.

He nacido aquí, y aunque he viajado mucho, Madrid es una de mis ciudades favoritas. Casi toda mi familia vive aquí y también están mis mejores amigos, mis compañeros de trabajo, mis
amigas de la universidad, mis antiguas compañeras del cole… A algunas hace más de diez años que no las veo, ¿qué será de ellas? Tengo que ponerme al día.

¡Ah! Y no puedo olvidarme de mis amigos del colegio de Londres, donde pasé tres años, ¡no pueden faltar!

En fin, como os iba diciendo, Madrid es mi ciudad. Es donde me han pasado las cosas más importantes de mi vida excepto una: a mi futuro marido no le conocí en Madrid. Nos conocimos un verano en Menorca. Sus padres tienen una casa espectacular en una cala cerca de Ciudadela. Él pasaba todos los veranos allí y en un viaje que hice hace 4 años con mis amigas nos conocimos y… ¡hasta ahora!

A lo que iba, mi sueño ha sido siempre casarme en Madrid: una gran Iglesia como Los Jerónimos o Santa Bárbara y después una finca como El Soto de Mozanaque o El Castillo de Viñuelas donde celebrar una divertida fiesta. ¡Sí! Sé que no es nada original ahora, pero es mi sueño y os juro que cuando lo soñaba nadie se casaba así.

Castillo de Viñuelas

Lo malo es que ahora tengo un gran dilema. Como os he dicho antes, los padres de Jaime tienen una casa en Menorca, ¡y no sabéis cómo es de mona la casa! Sin mencionar las vistas… mar, mar y mar… la verdad es que es un sitio idílico. Tanto que mi novio quiere que nos casemos allí. Y a mi me encantaría, pero ¿y mi sueño?

Pero no es mi único problema… mi madre es de Sevilla y siempre me ha dicho que le haría mucha ilusión que yo me casara allí. Yo nunca había pensado en esta opción hasta que me lo recordó ella el otro día, y tampoco le he contado nunca mi sueño por no desilusionarla, pero ahora ¿qué hago?

Voy a hacer una lista de pros y contras para ver si así consigo decidirme.

Si me caso en Madrid lo tengo todo a mano y no como en Menorca o en Sevilla que cada vez que tenga que organizar uno de los preparativos he de coger un avión o un Ave. Y no son precisamente baratos…

En Madrid viven casi todos nuestros invitados, por lo que seguramente, acudiría la gran mayoría, salvo que tuvieran imprevistos de última hora.

Volar a Menorca no es tan fácil, no solo por los horarios, y esto os lo digo por propia experiencia, si no porque como no reserves con mucha antelación puede salir un poco caro. Por lo que es probable que los invitados en la isla se reduzcan más o menos un 30% aunque seguramente mis invitados más cercanos no me fallarán. Además pueden aprovechar para pasar unas mini vacaciones. Si no conocéis Menorca no dejéis de visitarla, es una isla perfecta para relajarse, descansar, conocer calas de agua cristalina, comer un pescado buenísimo y tomar cocktails en las cuevas del Soroi mientras observas una de las puestas de sol más bonitas que existen.

Menorca

La verdad es que en Menorca podríamos organizar una boda tan bonita… y sobre todo ¡única! ¿y si ponemos un altar en la arena y nos casamos en la playa?

Pero ¿Qué hago con el peluquero y el maquillador? Porque las pruebas no las voy a hacer en Menorca ¿no? Lo más lógico es escoger a alguien aquí y poder hacerme las pruebas cualquier día a la salida del trabajo. Lo malo es que a los gastos de la boda habrá que añadir desplazamiento y alojamiento para cada uno… pero bueno, lo importante es que me dejen guapa y en Madrid conozco estilistas en los que confío y prefiero pagar más y no llevarme sorpresas de última hora.

Por otro lado, estoy pensando que con todos los adelantos tecnológicos que hay ahora a lo mejor puedo escoger las flores, la música, la vajilla, los manteles… por teléfono e internet ¿no? Por lo menos así me ahorraría algún que otro viaje. Un momento, ¿me estoy decidiendo acaso por Menorca? Aunque me cueste, creo que podré adaptar mi sueño a una preciosa casa junto al mar…

Pero… ¿Y qué hago con Sevilla? Es cierto que Sevilla, como dice la canción “tiene un color especial”. De casarme allí me casaría en la Parroquia del Salvador, donde se casaron mis padres, y después lo celebraríamos en la Hacienda Benazuza a pocos kilómetros, donde disfrutaríamos de la gran cocina de El Bulli.

Hacienda Benazuza

Me encantaría poder utilizar coches de caballos, no sólo para mi llegada a la Iglesia, si no también para trasladar a todos los invitados a la Hacienda. Aprovecharía para amenizar el cocktail con un grupo rociero y lo llenaría todo de flores. Tendríamos que pensar mucho la fecha de la boda, sobre todo para no elegir una en la que el calor tenga más protagonismo que yo.

A Sevilla es más fácil desplazarse, puesto que a parte del avión y del Ave podemos ir en coche, lo cual no es sólo una ventaja para los invitados, si no también para mi, a la hora de organizar los preparativos. Además tendría la excusa perfecta para salir de Madrid los fines de semana que esté saturada y necesite despejarme, que aunque me encante Madrid, reconozco que a veces es necesario “escaparse”.

coche de caballos

Con respecto al maquillador y peluquero, mi madre conoce a algunos muy buenos en Sevilla por lo que en este caso tendríamos menos gastos y las pruebas las podría hacer cualquier fin de semana que me “escape” ¿no?

La verdad es que a mi madre le haría tan feliz… ¿Me estoy decidiendo a caso por Sevilla?

Créditos fotografías: fotografía coche de caballos, Bea Goiri


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