Martes, 19 de Julio, 2011

La boda de Carla Goyanes: crónica de una boda muy romántica…

carla y jorge

Hemos sido testigo de excepción de una de las bodas más románticas del año. Como ya sabréis, el pasado sábado 16 de julio, Carla Goyanes y Jorge Benguría se daban el “sí quiero” en Finca Cortesín.

La misa, muy bonita y oficiada por el padre Ángel de Mensajeros de la Paz, y el padre Garralda, buenos amigos de la familia, estuvo adornada por el coro de la Hermandad del Rocío de Triana y Los del Río.

Nada más llegar a Finca Cortesín, en Casares, entre Marbella y Sotogrande, nos sorprendió lo bien que estaba organizado todo, desde el minuto cero. Aunque se podía llegar en autobús, decidimos ir en coche, dejándolo al buen cuidado del servicio de la finca. Al entrar en la recepción del hotel, lo primero que te daban las azafatas era una tarjetita con el nombre de la mesa para la cena. Todas ellas con nombres de sitios típicos de los años de oro de Marbella, como Coyote, Trocadero, La Bodeguita…

Si no conocéis el sitio, os lo recomiendo, pues es uno de los hoteles más bonitos que he visto nunca. La decoración para la boda, a cargo de Luis García Fraile, era exquisita. El jardín donde se celebró la misa, estaba adornado con guirnaldas de flores entre las sillas y una alfombra de estera que llegaba hasta una pérgola de plantas que hacía de altar, consiguiendo así que la escena fuera más romántica de lo que ya era.

Como manda la tradición, Jorge llegó del brazo de su madre y Carla, del de su padre, aunque también les acompañó Pedrito, sobrino de Carla y el niño de sus ojos….Vestido de blanco como el resto de los pajes, con diseños de Nieves Álvarez…

El cocktail y la cena fueron servidos por Bodegas Campos, como ya nos comentó Carla en la entrevista que le hicimos hace unas semanas. Como ya es habitual en las bodas, pudimos encontrarnos una barra de mojitos y caipiriñas, pero además había una barra de diferentes tipos de gazpacho; de frambuesa, melón, cereza… los probamos todos, ¡¡qué ricos!! Y entre los aperitivos, los que más gustaron fueron el canapé de rabo de toro, los rollitos de pato, crujiente de patata y langostino… Todo esto amenizado por una banda de jazz que decían que eran de Nueva Orleans (aunque casi todos vivían ya en Marbella) muy simpáticos.

Luego pasamos a la cena… ¡qué bueno estaba todo! Carpaccio con lascas de foie, ensalada de rape y langostinos, merluza al pil pil (muy bilbaino, de donde es el novio) y tarta de chocolate, que tengo que confesar que ¡¡repetí!! y eso que no me cabía ni una miga de pan, pero estaba tan buena….

La cena se celebró alrededor de la piscina. Éramos unos cuatrocientos invitados repartidos en mesas redondas, menos los novios que se sentaron en una mesa rectangular y alargada rodeados de amigos, y no de la familia como suele ser lo tradicional. Toda la decoración estaba inspirada en el Marbella de los años 70 y en el estampado de las famosas lenguas mallorquinas que estaban por todas partes en aquella época, en tonos fucsia. Desde las invitaciones, pasando por los meseros, los manteles… hasta la fachada del hotel, estaba iluminada con este famoso dibujo.

Y después, bailar, bailar y bailar…. La verdad es que fue una boda muy divertida, amenizada por un espectáculo de fuegos primero, seguido por el vals y música, hasta casi el amanecer, donde no paramos de bailar. Hasta la novia, ¡¡no paró ni un segundo!! Como regalo a los novios, sus amigos llenaron el suelo de la pista de baile con un collage muy divertido, que daba pena pisarlo al principio y que os podéis imaginar cómo acabó…

Y por si nos había entrado hambre con tanto baile, la recena de Bodegas Campos no se hizo esperar mucho… pepitos de ternera, mini bocadillos de pringá, molletes de huevo frito con chistorra… ¿¿cuántos me llegué a comer?? no sé, perdi la cuenta… y casi prefiero no acordarme… operación bikini al traste… pero mereció la pena…

Y os preguntareis, ¿cómo iba la novia? ¿cómo iba la madrina? ¿y la madre de la novia? ¿y las invitadas? De momento no podemos enseñaros ninguna foto, pero sí os podemos contar que Carla se cambió tres veces de vestido, aunque he leído por ahí que sólo se cambió dos veces, lo hizo tres. El primer vestido, para la ceremonia, era más armado y clásico que los otros dos. Con escote en pico, sin mangas, con bordados, gran cola con volumen y un pequeño velo. Más tarde, tras el vals, se cambió por otro vestido de escote palabra de honor y corte sirena. Era bastante largo, lo arrastraba, y no sabéis cómo acabó el pobre…. pero para eso tenía otro, mucho más cómodo, corto y haciendo capas. En este momento se soltó el pelo, que lo había llevado recogido durante toda la ceremonia, y estaba más guapa aún si cabe.

Cari Lapique, madre de la novia, estaba espectacular, con un vestido color verde esmeralda de Óscar de la Renta, que realzaba su moreno, y zapatos fucsia de Louboutin, dos colores muy de moda esta temporada.

Caritina Goyanes, también muy guapa con un traje de Jorge Vázquez. Nieves Álvarez y Naty Abascal coincidieron, no solo en diseñador, Giambattista Valli, si no también en belleza y elegancia.

Nuria March también me gustó mucho con un traje de paillettes… Tamara Falcó, Alejandra de Borbón, Carmen Martínez Bordiú… muchas invitadas, algunas mejores que otras, la mayoría de largo, pues al tratarse de una boda de tarde – noche era el momento ideal para lucir este tipo de vestidos, y pocos tocados….. pero bueno, tendremos que esperar al miércoles para que salga la revista ¡Hola! y podáis verlo todo.

Y esto es todo… crónica de una boda muy bonita, romántica y divertida. Y desde aquí, queremos desear la mayor felicidad del mundo a unos novios muy especiales.

Créditos fotografía: gtres


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