
Después de darle muchas y muchas vueltas, (ya me conocéis) hemos decidido celebrar la boda en la finca que mi padrino Luis tiene a las afueras de Madrid, a unos veinte minutos aproximadamente.

La verdad es que ha sido una decisión de última hora porque no sabíamos si celebrarla en Los Claustros de Ayllón, en La Villa del Mentidero o en El Castillo de Viñuelas. Y la verdad, me ha quitado un quebradero de cabeza porque también me apetecía celebrarla en el Ritz, en San Salvador de Atienza, en el Antiguo Convento, e incluso en la R.S.H.E Club de Campo.

Ya sabéis lo indecisa que soy y todos los lugares para la celebración de la boda que he visitado me han parecido ideales. De verdad, cada vez que volvía de visitar un lugar nuevo volvía enamorada y totalmente convencida de que me iba a casar allí. Estaba tan segura de eso que no quería ver más sitios, pero como tenía cita ya concertada en otra finca me parecía mal no ir o cancelarla, así que he ido viendo todos los hoteles y fincas cerca de Madrid. He estado como un mes visitando lugares.

Primero una finca cerca de Madrid, luego una un poco más lejos, luego un hotel céntrico, de nuevo otra finca… Y como os digo, salía enamorada de todos y cada uno de ellos. Cada sitio tiene algo especial, ya sean las flores del jardín, la Iglesia Románica del S.XII, el elegante invernadero, las esculturas antiguas dispersas por todo el lugar, las vistas maravillosas, la luz especial, la biblioteca al más puro estilo club inglés, el Castillo digno de un cuento de hadas, las ruinas de un antiguo convento. En fin, muy difícil tomar una decisión.

Es cierto que siempre puedes encontrar alguna que otra pega, como que está quizás demasiado lejos o que el jardín, en el caso de algún hotel, no es suficientemente grande o que no te dejan elegir el catering porque siempre trabajan con el mismo. Pequeños detalles pero que, a la hora de tener que elegir entre uno y otro son insignificantes porque sabes que cualquiera de ellos va a mimarte y cuidarte como te mereces.

Y ahí estaba yo, intentando decidirme de una vez por todas por el lugar para celebrar la boda hasta que de repente mi padrino me ofrece, como regalo de boda, no sólo su finca (que no os podéis imaginar cómo es de espectacular) sino también la contratación del catering que más me guste… ¡¡¡Si es que no me merezco a mi padrino!!!
Etiquetas: Lugares para celebrar, organizar la boda

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