
La verdad es que éste es uno de los temas más escabrosos… ¡el dichoso dinero!
Por tradición, el traje de la novia suelen regalarlo los padres del novio, la novia elige el atelier y la “suegrisíma” paga. Y por tradición también, la celebración suele correr a cargo del padre de la novia. Pero, actualmente, suele optarse por dividir los gastos entre las dos familias.
Una de las cosas más complicadas cuando se toma la decisión de casarse, es aclarar el presupuesto con el que cuenta cada familia. Nadie quiere destrozar los sueños de nadie, pero hay que ser conscientes de los presupuestos de los que puede disponer cada uno. Si tu sueño es hacer una boda multitudinaria o cuentas con un sinfín de amigos y familiares a los que no puedes dejar de invitar, ten en cuenta que el gasto por invitado deberá ser menor.
La mejor manera de empezar a hacer un presupuesto es hacer dos listas, una con los invitados deseables y otra con los invitados imprescindibles. Dile a tus padres que hagan lo mismo y siéntate con tu novio y sus listas y empieza a elaborar la lista definitiva. A la hora de hacer cálculos tendrás más claro en que baremo te mueves. Pide presupuesto al catering, las invitaciones, las flores, la decoración, las carpas, si es que son necesarias… ¡que no se te olvide nada! Y ten en cuenta que muchos de estos presupuestos variarán según el número de invitados, pero sin embargo, habrá otros como la música y el fotógrafo que sólo dependerán del número de horas de contratación.

Una vez que tengas un presupuesto global, divídelo entre el número de invitados y tendrás el precio individual. Consulta tu presupuesto inicial y decide si quieres una boda con más detalles y menos gente o al contrario, que no falte ni uno de tus amigos pero invitándoles a una celebración más sencilla.
Recuerda que en muchas cosas tendrás que ceder, es erróneo pensar que quien paga manda, y no puedes menospreciar a la familia de tu novio si éstos no pueden llegar hasta dónde tu quieres. Es el momento de demostrar tu capacidad empática y dejar con paciencia que todos participen y den su opinión. Necesitarás mucha mano izquierda, pues parte de las neuras que padecen las novias antes de casarse y, no sin razón, es la tensión de estar continuamente manejando un circo de tres pistas: lo que quieren sus padres, lo que quieren los padres de su novio y lo que ella realmente quiere. El novio por regla general está a merced del destino. A veces se pierde incluso la perspectiva, y el día a día se convierte en un ganar o perder pequeñas batallas.

Una gran idea y una gran solución es contratar a un wedding planner. Te permite delegar en él decisiones que te pueden resultar escabrosas o que prefieres no tener que afrontar, como, por ejemplo tener que decirle a tu suegra que los manteles que ha elegido te espantan. Seguro que el wedding planner encuentra una forma muy sutil de decírselo y hasta consigue convencerla de lo feos que son. Pero, además, te dará cientos de ideas, y te ayudará a exprimir tu presupuesto al máximo, quitándote así de multitud de agobios. Se suele creer que contratar a un profesional para organizar tu boda es una opción mucho más cara, pero lo cierto es que hoy en día hay wedding planners que puedes contratarlos sólo para determinados aspectos de la boda y, al final, seguro que te compensa su ayuda. Una idea es que contrates sólo la decoración, si crees que lo demás lo tienes más que resuelto, así que dile cuál es tu presupuesto y te sorprenderá.
Pero lo importante es que, desde el principio, queden claros todos los temas relacionados con el presupuesto, pues siempre es incómodo hablar de dinero y sobre todo con la que va a ser tu nueva familia.













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